[Date Prev][Date Next][Thread Prev][Thread Next][Date Index][Thread Index]

CCC.-Artículo 4 del Dr. Marcelino Cereijido M.



Title: Xxxxxx

DR. WOLF LUIS MOCHAN BACKAL

CENTRO DE CIENCIAS FISICAS

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MEXICO

Presente

 

Me estoy permitiendo hacerle llegar un artículo más escrito por nuestro consejero, Dr. Marcelino Cereijido M., titulado “¿Podría la ciencia ayudar a la religión?”, publicado con fecha 4 de junio, en la sección Opinión del periódico La Crónica de Hoy.

 

Aprovecho la ocasión para enviarle un cordial saludo.

 

Atentamente,

 

Luz Elena Cabrera Cuarón

Secretaria Ejecutiva Adjunta

 

Consejo Consultivo de Ciencias de la

Presidencia de la República (CCC)

San Francisco No. 1626-305

Col. Del Valle

Delegación Benito Juárez

03100 México, D.F.

Teléfonos

(52 55) 5524-4558, 5524-9009 y 5534-2112

 

lecabrera@ccc.gob.mx

correo@ccc.gob.mx

 

http://www.ccc.gob.mx

 

Por: Dr. Marcelino Cereijido* | Opinión

Miércoles 4 de Junio de 2008 | Hora de publicación: 03:13

 

 

¿Podría la ciencia ayudar a la religión?

 

El cerebro de muchos mamíferos nace “verde” en el sentido de que su configuración final depende de la crianza y la cultura. Los científicos descubrieron que el cerebro nace en forma de un órgano inmaduro cuya red neuronal definitiva depende de señales, experiencias, crianza y educación, que cerrarle un ojo a un gatito recién nacido durante unas cuantas horas hace que el ojo quede ciego para siempre. Del mismo modo, los niños que nacen con cataratas quedarán ciegos si no se les extirpan antes de los dos años. Hay “ventanas” al cerebro, término que alude a que sólo permanecen abiertas durante cierto período temprano de la vida, que corresponde al cableado de circuitos neuronales y maduración de receptores y mediadores químicos.
A los que no consiguen dormirse y se les asegura que entonces vendrá el Coco a comerles la patita, se les sigue inyectando perversamente por sus ventanas falsas concepciones que contaminarán su mente. Con gran claridad se expresó George Bernard Shaw: “No existe
creencia, sin importar lo grotesca o incluso infame que sea, que no pueda hacerse que forme parte de la naturaleza humana si es inculcada desde la niñez.”
Lo
que es denominado “enseñanza de la religión” es, de hecho, una “enseñanza religiosa”, adoctrinamiento forzado de niños cautivos en una escuela. La religión, en su calidad de componente importante de la cultura humana debería, ciertamente, ser enseñada, pero esta enseñanza debería incluir la opinión actual de los científicos acerca de la mitología, el misticismo, la historia y evolución de las religiones, la historicidad de los personajes religiosos, la fuente y autenticidad de los documentos sagrados y cualquier otra forma de conocimiento que pueda ser incluida en la “enseñanza de la religión”. En cambio la enseñanza religiosa resulta ser en buena medida ignorancia aplicada, un acto francamente delictuoso en países que están haciendo esfuerzos desesperados por entrar en lo que se ha dado en llamar “sociedad del conocimiento”.
La gente que padece cáncer demanda a las compañías tabacaleras debido a que, a pesar de que sabían que el tabaco puede producir cáncer, seguían vendiendo su producto. Podemos imaginar que en un periodo de treinta años podría darse una avalancha de personas que, así como hoy llevan a la corte a sacerdotes que abusaron de ellos en la niñez, lleven a juicio a sus gobernantes debido a que permitieron que los maestros religiosos distorsionaran sus programas racionales durante su niñez mediante el ruido supersticioso, les cerraron sus “ventanas de oportunidad” y quedaron en consecuencia condenados a ser ciudadanos subdesarrollados.
La enseñanza en los tiempos coloniales se basaba en técnicas verbalistas o mnemónicas, el método catequista en el que el discípulo estaba obligado a contestar preguntas con respuestas fijas de la religión. quedaba fuera de orden que el niño entendiera o no la pregunta. Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo diecinueve y principios del veinte, ni siquiera los países más humildes de América Latina podían evitar la enseñanza de la astronomía y de la biología sin tener que explicar el heliocentrismo y la evolución. Con el fin de evitar conflictos los educadores presentaban el heliocentrismo y la evolución como meras hipótesis, y otro truco fue distorsionar dolosamente estos temas. Así, los libros de texto solían mentir que la hipótesis de la evolución sólo era válida para animales, plantas y no para seres humanos, que se trataba de un proceso ya terminado. Sin embargo, cuando resultó ya imposible esconder el evolucionismo, los círculos religiosos recurrieron a la “escolarización” (Gvirtz y Palamidessi, 1998). Consistió en tomar la materia “historia natural” en la que se enseñaba a los alumnos acerca de la vida y de sus formas, su evolución y el origen de los seres humanos, y desmembrarla en zoología, botánica, anatomía y fisiología. De esta forma ya no fue necesario tocar los temas del origen del Universo, de la vida o de la naturaleza de los seres humanos.
La pedagogía basada en la religión afecta la comprensión de la ciencia moderna. Charles Darwin declara: “Una creencia inculcada constantemente durante los primeros años de la vida, cuando el cerebro es impresionable, parece adquirir casi la naturaleza de un instinto; y la esencia verdadera de un instinto es que se le sigue en forma independiente de la razón”. El problema verdadero parece ser cómo inculcar la democracia en el cerebro de alguien que, debido a la educación que le infligieron a una tierna edad, declara ser un cordero. Si un gobierno llevara de pronto preso a un ciudadano por un supuesto delito que cometieron sus bisabuelos, seguramente los sacerdotes vibrarían de indignación. Y sin embargo, educan a un niño que debe pagar por un pecado supuestamente cometido por Adán y Eva.
¿cómo promover una visión de la realidad que pudiera ser compatible con la ciencia moderna en un cerebro que, desde su niñez, ha sido forzado a creer en milagros? ¿Cómo desarrollar la ciencia en una población que ha sido inducida a desconfiar de las innovaciones?
Hasta los mismos monitos y gansitos dependen de figuras protectoras, alimentadoras, que en general cumplen los padres, pero que hasta pueden ser sustituidos por muñecas de trapo y científicos que caminan en cuclillas ante los polluelos recién salidos del cascarón (la experiencia de Konrad Lorenz). Más que temidos, los individuos prestigiosos son reverenciados. Dios está asociado al bienestar, es un cuidador, proveedor de protección, alimentador, padre percibido como más fuerte y sabio. Pero esa dependencia no pasa desapercibida al poderoso, que aprovecha para exigir genuflexión, postración, obediencia, humillación.
¿Por qué le resulta tan necesario a las religiones preservar errores y prácticas perversas? Si la ciencia procediera de la misma forma, se vería obligada a compaginar entre sus sistemas actuales hasta los errores que honestamente cometieron sus prohombres. ¿Se imagina el lector las contorsiones que debería realizar la ciencia actual para sostener la opinión de los astrónomos babilonios de que las estrellas están fijas, que los planetas son erráticos, que no hay otra geometría que la de Euclides, que el átomo es en verdad indivisible?
Y sin embargo, el papel de las religiones no se ha evaporado. ¿Por qué no son las mismas jerarquías religiosas quienes impulsen urgentemente depuraciones? No me estoy refiriendo a las religiones tal como las conocemos actualmente, sino a versiones depuradas con las que todavía no contamos. Esas depuraciones, ajustes y aggiornamenti no constituyen novedad alguna. Vienen a la memoria Francisco de Asis y William de Ockham, el Protestantismo, los curas obreros, la Teología de la Liberación y Juan XXIII.
Vale la pena recordar que, cuando los protestantes de países como Alemania, Inglaterra, Suecia no pudieron sanear la religión, tuvieron así y todo la sensatez (y el poder) de separarse y desarrollar sus propias versiones. ¿Por qué tiene la institución religiosa una necesidad tan vital de aferrarse a ideas que se han demostrado erróneas? Al analizar dichas
creencias los feligreses podrían descubrir que sus antepasados fueron realmente sabios, pues buscaban evitar ciertos alimentos nocivos o seguir prácticas determinadas con respecto a la salud, al matrimonio o a la vida sexual. Bien podría ser que estas actitudes aún estén todavía justificadas, en cuyo caso habría una razón para seguirlas practicando. Las religiones prohibían que los hermanos se casaran entre ellos; hoy la genética explica que estaban tratando de evitar los efectos de mutaciones dañinas. A muchos les molestará que la razón venga a suplantar un precepto, pero es que en el momento en que estos se establecieron, no podía haber habido explicaciones racionales, porque los mecanismos que causaban tal o cual fenómeno no podrían haber sido captados por quienes no conocían de microorganismos, moléculas, mutaciones, receptores, toxinas, vibraciones atómicas.

*Profesor Titular del Departamento de Fisiología, Biofísica y Neurociencias, Cinvestav
*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República (CCC)

consejo_consultivo_de_ciencias@ccc.gob.mx